En la novela MENE de Ramón Díaz Sánchez, figura un personaje que ha sido llevado a la copla y a la gaita. Su nombre, Narciso Reinoso. Personaje que vivía como un beduino “de pueblo en pueblo, de ventana en ventana”, antes de aparecer el petróleo. Era un trovador. Cuando le preguntaban a modo de reproche, cuando iba a sentar cabeza, él reía socarrón.
¡Qué saben ustedes lo que es vivir!
¿Se imaginan que la vida es esto: destripar terrones y criar chivos?
Narciso no se acostumbró nunca al trabajo. Y la verdad tenía una manera muy simplificada (que no simple) de ver la vida.
Una vez, narra Díaz Sánchez, lo obligaron a trabajar en un tren de pesquería. Un rival de contrapunteo se le acercó entonces, dispuesto a disfrutar el placer de su caída:
“Al estado que ha llegado Narciso, de pescador, siendo el mejor cantador de Cabimas, afamado.”
Y el replicó:
“Vale más ser pescador de aquí, del puerto
las yagas que andar por esas quincallas de borracho y jugador”.
En realidad, era quizá en el fondo lo que deseaba, pero eso no lo sabremos jamás, porque Narciso se fue como vino de Cabimas, de nuestra Costa Oriental, escapó de lo que después sería la región, escapó de la verja donde un sujeto con gafas y en mangas de camisa, hacía señas para reclamar silencio, mientras pasaba la lista negra, que determinaba quien no o quien si, podría trabajar en la industria petrolera manejada por empresas extranjeras. Corianos y Margariteños abrazaron estás tierras de pronto. Cabimas, Lagunillas, Mene, se incorporan al frenesí del mundo: Petróleo, administrado por hombres rubios y dando órdenes:
¿Get out? ¡Negro!
Llegada también la fiesta petrolera. El pago de un gasto disparatado, febril, hasta hoy.
El mensaje es claro: el mundo cambió, un negro en un lugar llamado la Casa Blanca, gobierna a millones de rubios. Pero también Venezuela huyó como Narciso del mundo de las oportunidades.
El cómo y el porqué ustedes lo saben. No pierdan ustedes su oportunidad. Pregúntense como puedo mejorar mi situación actual, pregúntense por qué no puedo ser mejor. Como profesionales, no actúen con ligereza. Su trayecto a partir de esta noche, no puede ser el de Narciso, extraviado y huídizo, superficial, tampoco sentir vergüenza y desencanto por un país despilfarrador; sino coraje e inteligencia combinadas para salir adeante. Sean originales, de copias malas está lleno el mundo, de gatopardismo, de simuladores de cambio que no son sino la imitación del original.
Tendrán temores, que si el Tribunal, la contraparte, la inexperiencia. ¡Nada de eso podrá evitar la consecución de sus objetivos! Miren hacia el futuro y no dejen de indignarse ante la injusticia. El día que pierdan el sentido de la misma; dejarán de ser abogados. Sólo los abogados viven con la justicia a diario. Nadie tiene ese mérito. La hacemos o la aniquilamos.
Lamento el funcionamiento del poder judicial venezolano, contagiado por el poder ejecutivo, que no es de ahora, pero es peor que antes.
Emitan sus propios juicios y opiniones. Tengan la hombría de equivocarse y la gallardía femenina de decir lo que se piensa y de pensar muy bien lo que se dice.
Espero que se comprometan con algo.
Simpaticen con una idea colectiva.
No pueden vivir aislados de la sociedad. Son operadores de la justicia, hagan méritos para conservarla intacta. Trabajen con gusto, sigan estudiando con ganas. Nos han socializado de otra forma: Sin hábitos para el trabajo, a creer que la disciplina es un yugo y la faena, un castigo. ¡Nada de eso!
Unas palabras más para terminar:
Prefiero buscar a que me lo den todo. Escapen de quien desea controlarlos o combatan la idea de una sociedad enteramente plana, donde el Estado lo es todo o es uno. No pierdan la sensación de la libertad.
Gracias.
¡Qué saben ustedes lo que es vivir!
¿Se imaginan que la vida es esto: destripar terrones y criar chivos?
Narciso no se acostumbró nunca al trabajo. Y la verdad tenía una manera muy simplificada (que no simple) de ver la vida.
Una vez, narra Díaz Sánchez, lo obligaron a trabajar en un tren de pesquería. Un rival de contrapunteo se le acercó entonces, dispuesto a disfrutar el placer de su caída:
“Al estado que ha llegado Narciso, de pescador, siendo el mejor cantador de Cabimas, afamado.”
Y el replicó:
“Vale más ser pescador de aquí, del puerto
las yagas que andar por esas quincallas de borracho y jugador”.
En realidad, era quizá en el fondo lo que deseaba, pero eso no lo sabremos jamás, porque Narciso se fue como vino de Cabimas, de nuestra Costa Oriental, escapó de lo que después sería la región, escapó de la verja donde un sujeto con gafas y en mangas de camisa, hacía señas para reclamar silencio, mientras pasaba la lista negra, que determinaba quien no o quien si, podría trabajar en la industria petrolera manejada por empresas extranjeras. Corianos y Margariteños abrazaron estás tierras de pronto. Cabimas, Lagunillas, Mene, se incorporan al frenesí del mundo: Petróleo, administrado por hombres rubios y dando órdenes:
¿Get out? ¡Negro!
Llegada también la fiesta petrolera. El pago de un gasto disparatado, febril, hasta hoy.
El mensaje es claro: el mundo cambió, un negro en un lugar llamado la Casa Blanca, gobierna a millones de rubios. Pero también Venezuela huyó como Narciso del mundo de las oportunidades.
El cómo y el porqué ustedes lo saben. No pierdan ustedes su oportunidad. Pregúntense como puedo mejorar mi situación actual, pregúntense por qué no puedo ser mejor. Como profesionales, no actúen con ligereza. Su trayecto a partir de esta noche, no puede ser el de Narciso, extraviado y huídizo, superficial, tampoco sentir vergüenza y desencanto por un país despilfarrador; sino coraje e inteligencia combinadas para salir adeante. Sean originales, de copias malas está lleno el mundo, de gatopardismo, de simuladores de cambio que no son sino la imitación del original.
Tendrán temores, que si el Tribunal, la contraparte, la inexperiencia. ¡Nada de eso podrá evitar la consecución de sus objetivos! Miren hacia el futuro y no dejen de indignarse ante la injusticia. El día que pierdan el sentido de la misma; dejarán de ser abogados. Sólo los abogados viven con la justicia a diario. Nadie tiene ese mérito. La hacemos o la aniquilamos.
Lamento el funcionamiento del poder judicial venezolano, contagiado por el poder ejecutivo, que no es de ahora, pero es peor que antes.
Emitan sus propios juicios y opiniones. Tengan la hombría de equivocarse y la gallardía femenina de decir lo que se piensa y de pensar muy bien lo que se dice.
Espero que se comprometan con algo.
Simpaticen con una idea colectiva.
No pueden vivir aislados de la sociedad. Son operadores de la justicia, hagan méritos para conservarla intacta. Trabajen con gusto, sigan estudiando con ganas. Nos han socializado de otra forma: Sin hábitos para el trabajo, a creer que la disciplina es un yugo y la faena, un castigo. ¡Nada de eso!
Unas palabras más para terminar:
Prefiero buscar a que me lo den todo. Escapen de quien desea controlarlos o combatan la idea de una sociedad enteramente plana, donde el Estado lo es todo o es uno. No pierdan la sensación de la libertad.
Gracias.
Dr Luis E.,
ResponderEliminarComo siempre tan optimista y realista a la vez.
La esperanza es lo último que se pierde, y lo único que no podemos perder.
Ya extrañaba sus publicaciones en el blog. Lo felicito de nuevo por la iniciativa y espero seguir leyendo de Ud por aquí.
Saludos Cordiales,
Randy Rosales